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Reflexiones sobre Europa

14/05/2012
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“Somos una federación monetaria pero sin equivalente presupuestario en el control y supervisión de las finanzas públicas. El reto es construir un espacio en el que se reconcilien lo político, lo económico y lo social”

Antes de entrar a analizar esa reconciliación política, económica y social que se pretende en la Unión Europea, me gustaría hacer una breve mención a la conciencia europea, ¿existe tal conciencia?, ¿nos sentimos los europeos parte de un mismo proyecto?, es más, ¿se sienten nuestros políticos parte de una unidad europea con unos objetivos comunes?. Hoy por hoy, mi respuesta es no. Ninguno de los elementos sociales mencionados con anterioridad se sienten europeos, simplemente están unidos por intereses económicos, olvidándose de los intereses sociales por los que la Comunidad Económica Europea pasó a denominarse Unión Europea. El sentimiento ‘Europa’ se ha perdido.

Económicamente, Europa necesita estar unida para hacer frente a la competitividad que exigen las reglas del capitalismo para que, el continente de los derechos sociales, diversifique los riesgos de la desaparición de tal mención. Y el Euro debe estar presente en esa unión aunque, seguramente, esta crisis le haya pillado demasiado joven. Estados Unidos cuenta con importantes materias primas necesarias para el proceso productivo y es un fiel defensor del neoliberalismo en el que, para que haya un ganador, es una necesidad imperativa que exista un perdedor, las personas como fuente de dinero. También tenemos a China, cuya competitividad está basada en la mano de obra barata, la explotación y la precariedad laboral, las personas como máquinas de producción. Pues bien, para mantener los derechos sociales que caracterizan a Europa, ésta necesita estar unida frente a las amenazas exteriores que acabo de citar.

Por otro lado, y seguimos en el ámbito económico, Europa debe estar unida para mostrar fortaleza frente al todopoderoso mercado, ese que se mueve a través de la especulación. Sin embargo, es aquí donde la Unión es demasiado lenta en sus decisiones y los intereses individuales se anteponen al interés común. Si no, no se entiende que Merkel y Sarkozy utilizaran la debilidad de economías como la española o la griega para que sus compatriotas les mantengan en el poder una legislatura más. Igualmente, tampoco se entiende que el BCE preste dinero a Francia y Alemania a un interés que apenas llega el 2% y, estas dos potencias, a su vez, lo presten a Grecia a intereses del 4 y 6%. Es aquí donde ha de demostrarse la solidaridad que debe caracterizar el progreso de la U.E. –“Si no hay para todos, no habrá para nadie”- y avanzar unida, en bloque, todos a una. Sin embargo Francia y Alemania ven en Grecia una fuente de ingresos para sus estados, le piden a Grecia reformas tan bruscas que ni ellos se atreverían a adoptar en sus propios países con la inmediatez que se le exige al gobierno heleno y, unas reformas, por supuesto, que no atenten contra los intereses de Francia y Alemania.

Estos dos países, por ejemplo, vendieron a Grecia armamento para que hiciera frente al conflicto Chipre-Turquía por valor de cerca de 6.000 millones de euros. Grecia se ha convertido en un negocio, se le presta un dinero a un interés mayor del que se ha comprado y, además, ese dinero vuelve a su lugar de origen en cuestión de meses a través de la venta armamentística para después seguir prestándoselo, otra vez, a intereses elevados. ¿No hubiera sido más fácil abordar el problema de Chipre como la Unión Europea que se supone somos?, ¿no hubiera supuesto esto un menor gasto para Grecia que hubiera repercutido en un mayor gasto social?

Otra cuestión económica de la que se ha hablado, ha sido la de crear un Fondo Monetario Europeo que sirviera como agencia de calificación que se alejara de la especulación de otras agencias estadounidenses como Standard&Poor’s o Moody´s. Pero, de nuevo, el proceso es demasiado lento, algo que contrasta con la exigencia de inmediatez y sin consenso para que Grecia actúe contra la crisis en solitario.

En definitiva, tenemos una Unión Europea al servicio de la dictadura financiera y, lo que es peor, nuestros dirigentes forman parte de ella. Su misión es única y exclusivamente la de fortalecer esa dictadura intentando no despertar esa paz social que nos tenía aletargados. Pero han cometido un error, nos han despertado y estamos dispuestos a que esto cambie, o mejor dicho, a que Europa sea la Unión Europea de los derechos sociales, de la conciliación política, económica y social que se nos prometió y, aunque nos cierren las fronteras (como ha ocurrido en la reunión del BCE en Barcelona), no nos rendiremos, porque nosotros sí queremos estar unidos para defender nuestros derechos y contra el poder financiero.

Rodrigo Rodríguez @rrodriporras

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